El hombre ha cantado, se ha expresado y manifestado, a través de ese prodigioso instrumento llamado voz humana, desde el inicio de los tiempos, por ello, sus más sentidas y espontáneas manifestaciones se encuentran en las canciones.
Tanto en Richard Strauss, como en muchos otros creadores del Siglo XIX, encontraremos, en el género del Lied, las máximas aportaciones musicales, por esa base única y de la mayor contundencia, que conjuga, alta Poesía y Música. Esta combinación pudo preservar, afortunadamente, la síntesis de la interdisciplinariedad que Occidente mutiló, fragmentó y redujo a su mínima expresión, desde la Edad Media, con sus absurdas prohibiciones.
En Richard Strauss se rescata, consolida y refleja, alrededor de sus maravillosos Lieder o Canciones, la sublimación de la Música, que se adhirió, como pareja de la eternidad, a la Poesía, conformando una Unidad indisoluble.
Ya Franz Peter Schubert, había hecho de esta Forma musical, su predilecta, abriendo insospechados momentos de intimidad y profundidad, en todos los compositores.
Ha sido el Género de LA CANCIÓN, el más universal pretexto para la creación musical, desde la Antigüedad, cuyos antecedentes los encontramos en las plegarias, himnos y sobre todo en los salmos que refiere la Biblia, entre uno de los logros más viejos del ser humano y que se encuentran ligados a su voz, como la Esencia de todo posible instrumento.
Una de sus derivaciones y partes, modificaron nuestra visión – concepción, muy ajena, por cierto a la cosmovisión prehispánica, que debemos revisar, analizar y justipreciar, en otro espacio y con todo rigor, dentro del contexto que pomposamente, Occidente pretendió erigir como la única visión válida, o la panacea, que destrozó culturas y civilizaciones en todo el orbe, imponiendo, como dictadura absoluta, dicha visión, ligada a creencias religiosas ajenas por completo a ancestrales culturas y civilizaciones.
Esta conjunción de la más alta Poesía, puesta en Música por Richard Strauss, representa el logro más importante de toda la Música, pues de esta afortunada práctica, que partió desde la Antigüedad y que tuvo una especial encauzamiento desde la ópera, a fines del Renacimiento e inicios del Barroco en Occidente, irá perfilando y decantando, este binomio que dota a las dos disciplinas, de la más contundente expresión en todas las Artes.
Cuando la voz y su acabada técnica, aunada a la comprensión profunda de los Lieder y sus contenidos poéticos, se conjugan con maestría, nada las supera, emotiva y expresivamente. Equivale a atrapar y sujetar a la belleza, en esta dualidad que ha motivado al hombre, desde el inicio de los tiempos. Uno de esos grandes cantores de la Antigüedad, fue Homero y la exaltación que lograban los griegos, al son del rapsoda (quien recitaba los poemas) llevaba a los escuchas, con las excelencias de la Hélade, al paroxismo total.
Son los Lieder (canciones) de Richard Strauss, verdaderos prodigios, que logrando la unificación – comunión, integración perfectas, de palabra y sonido, enmarcan la más alta exquisitez. Es la voz, su voz, el vehículo que dota, a este gran compositor, de los más elevados logros, obteniendo en su manufactura, una expresividad y emotividad sensitivas, que va más allá, de todos los géneros musicales.
Su Técnica y el dominio del Lenguaje, rebasan todo lo imaginable, pues supo sintetizar todas las herencias occidentales y en particular, las del Siglo XIX, con lo más preciado del Romanticismo alemán, del cual es el último y el más brillante exponente, pues habiendo nacido en 1864, vivió hasta 1949, adentrándose de forma magistral y más que dinámica, en los medios expresivos de la mitad del Siglo XX. Crisol del pasado y del presente sonoro, es una de las pocas síntesis que recuperan los auténticos valores de toda la centuria pasada, armonizándola, con los albores de la modernidad.
Cuando los fatuos musicólogos intentan denostarlo, etiquetándolo de conservador y de músico fuera de época y contexto, hay que responderles enfatizando lo siguiente: los tales críticos, nada sienten y nada sabrán jamás, del espíritu que cohabita en todo auténtico y sensible compositor, que jamás alude, piensa y considera, a la dizque “evolución y desarrollo musical “ pues el único capaz de transformarla y llevarla a derroteros de más amplio espectro, será siempre el creador, nunca las opiniones sin soporte y sin dominio absoluto del lenguaje, de esos nefastos advenedizos de la pluma vacua y denostadora.
Quienes le hicieron caso, cayeron en un abismo sin fondo y ninguno de los creadores vanguardistas supo emocionar al hombre, mínimamente. Ahí radican sus fracasos y falsas posturas que hicieron un gran daño a la espontaneidad y creatividad, fincadas en la libertad de la expresión – comunicación, fincada en las herencias y logros contundentes de varios periodos en Occidente, que nadie puede, ni negar, ni menospreciar.
Richard Strauss, revolucionó y superó el lenguaje de Wagner y sus congéneres, elevando la música alemana, a las más grandes conquistas, como un creador multifacético. Es uno de los orquestadores más brillantes que junto con Gustav Mahler, tuvo esa conjunción dual, destacándose también, como gran Director de Orquesta. Fue además un gran pianista, enmarcándolo como uno de los pocos compositores que eran músicos completos. Sus armonías son de altos y exquisitos vuelos y se mueven más allá de la tradición, generando atmósferas sensoriales, de una madurez extrema, a la par que refinada y pulcra, provista de un cromatismo, pletórico de combinaciones y colores que enmarcan todos los poemas, exaltándolos. Esto fue posible, por el absoluto dominio que poseía de la música de Occidente y sus veinte siglos de búsquedas, que ningún compositor actual supo aterrizar ni sintetizar, como él.
Reunió y aglutinó, con sutileza, las principales aportaciones del Siglo XIX, en particular, a Liszt y a Wagner, dos de los exponentes de mayor nivel. La influencia de Liszt será determinante y en particular, estas herencias, le favorecieron, al convertirlo, en el heredero número uno de toda la Escuela alemana y sobre todo de Franz Liszt. Al igual que en el húngaro, será la Poesía, su motivación e inspiración esencial, como primigenia fuente de creatividad y expresividad, elementos que muy pocos advierten, en y alrededor de este fenómeno de síntesis.
Ligado a la literatura, conoció y trabajó con Stefan Zweig, y fue amigo del escritor y poeta, Hugo von Hofmannsthal; tomará de Oscar Wilde, su obra Salomé, misma que convertirá en una de sus mayores creaciones operísticas en 1905, motivado por la puesta en escena de Max Reinhardt, en Berlín en 1903. Operas como Guntram (su primera ópera) junto a Elektra, Der Rosenkavalier, Ariadne auf Naxos, Helena la Egipcia, Die Frau onhe Schatten, Arabela, entre otras, lo convertirán en uno de los máximos exponentes del género.
La exaltación del espíritu y de la persona humana, tienen en Richard Strauss, a un exponente que debemos celebrar en su 150 aniversario, acercándonos a sus obras y en especial a sus canciones, en las que ha plasmado, lo mejor de su sensibilidad.
Su esposa, Pauline de Ahna, soprano, motivó la composición de sus Lieder, cuya calidad técnico - estética, supera a casi todos sus compatriotas. Sus cuatro últimas canciones, fueron compuestas al final de su vida y refleja en ellas, esa mirada serena y madura, de toda una serie de vivencias y experiencias. Fueron compuestas para su mujer.
Morgen, Allerseelen, Zueignung, Cäecilie, Traum durch die Dämerung, Ich trage meine Minne, etc., son obras, entre muchos otros Lieder, que vinieron a enriquecer y depurar este repertorio.
Estudió Estética, Filosofía e Historia del Arte, motivado por Schopenhauer y en la dirección de orquesta, tuvo ejemplos como el de Hans von Bülow.
En el decurso de este 2014, iremos presentando algunas de estas hermosas páginas, buscando departir y compartir, en estos acercamientos, las aportaciones aquí referidas.
© CENCREM.COM | Francisco Núñez Montes
No hay comentarios.:
Publicar un comentario