8.15.2011

EL MICROUNIVERSO DE LAS PARTÍCULAS SONORAS EN FRANZ LISZT Y SUS MÚLTIPLES EJES, EMOTIVO – POÉTICOS

 

1ª de cuatro partes

INTRODUCCIÓN AL ANÁLISIS DE VARIAS OBRAS

Sin entrega total, sin honestidad y generosidad en la misma, no hay posibilidad de trascendencia en el Arte.

Si de Arte y sensibilidad se trata, es de relevancia superlativa, para mí, observar el cotidiano acontecer de nuestros semejantes y muy especialmente, de todos aquellos que nos rodean, ya sea circunstancial o frecuentemente. El Arte y los artistas nos debemos a la sociedad y sus interacciones son el nutriente esencial de las relaciones de la expresión y comunicación. Un rasgo que me identifica con Franz Liszt, es esa manera de adentrarse en las variables y multifacéticas realidades del dolor humano que buscó desentrañar, acercándose a las limitaciones humanas y privaciones de todo género, visitando asilos, personas desahuciadas, hospitales, cárceles, pues quería conocer esos dolorosos acentos del sufrimiento de las personas para plasmarlo desde eso, que muchos identificamos con la verdadera sensibilidad, que campea, por encima de la superficialidad, muchas veces, expuesta en el “pseudo Arte” etiquetándolo falsamente. Ahí se encuentran los egoísmos y las banalidades de falsos intelectuales de los que estamos rodeados. No existe una regularidad ni un solo parámetro de valoración para ello, situación que muchos no comprendemos, cuando no nos acercamos a otras realidades y micro universos del prójimo, sus entornos, circunstancias, privaciones, excesos, prepotencias, y debilidades, entre esas inconmensurables líneas del vivir. No son la técnica ni la estética, compréndase ello. Pero en el genuino Arte, encontramos el espíritu de desprendimiento y de alta generosidad, quienes así lo vemos, nos debemos a la sociedad y somos únicamente una parte de sus voces. Las poses y los falsos profetas, abundan en nuestro medio y no resisten el verdadero análisis. Le mención esto para que aprenda a detectarlos y descubrirlos, tomando en parte el ejemplo e imagen de Franz Liszt, que vivió todo esto plenamente y lo hizo realidad con sus acciones y obras. Liszt fue y ha sido el más generoso artista de toda la Historia de la Música. Siempre pensó en sus semejantes y practicó el humanismo en todas sus facetas. ¿Cuántos de los exquisitos que deambulan por el Olimpo de la predilección regresan siquiera una mínima parte de lo que han recibido? Es necesario conocer las realidades de nuestra cultura, entornos y situaciones que la han precipitado y frenado desde hace más de veinticinco años.

 En veces pienso que debo regresarle a las palabras y en especial a la Poesía, lo que le dieron al sonido y a la música. Encuentro en Liszt, una de las formas de coexistencia real y del departir, con la cual estoy plenamente identificado.

Preámbulo indispensable para el análisis de las obras y revolución musical centrada en Franz Liszt, es enumerar y traer a colación, la libertad y gran apertura de su visión, abriéndonos a otros fundamentos, bases y principios que tomaron carta de pertenencia, por la plural exploración de recursos generados, hacia la incorporación de viejas usanzas, con nuevos procedimientos, formas, técnicas y, curiosamente, utilizando la Genética musical con criterio panorámico, es decir, recurriendo a toda serie de fuentes y orígenes, no sólo centroeuropeos, sino de otras latitudes. Encontraremos: culturas y aportes universales como: la escala pentáfona, la hexáfona, la zíngara y los modos griegos originales, entre otros, con su auténtico sentido descendente, retomando otras funciones y tratamientos distintos a las usuales reglas y preceptos tradicionales. Además, la microtonalidad y la atonalidad, la bimodalidad y politonalidad, la emancipación de la melodía de la armonía, que serán otros de los esenciales aportes plasmados en sus obras, independientemente de la creación de una original visión de la estructura y de la forma, creando la forma cíclica y la forma sicológica. Un manejo que mostrará varios de estos elementos, lo encontraremos en la partitura que revisaremos, alrededor de la cual, siendo de una sola página, nos permitirá incursionar, sobre una personal propuesta que ya hemos aplicado a otro de los transformadores del Siglo XIX; Federico Chopin y que gira sobre el micro universo sonoro de “Las Partículas del Motivo” método y herramienta de análisis complementario e integral, que penetra en mundo cuántico del sonido, buscando las conexiones del principio universal de la organicidad implícita en la Naturaleza de los organismos vivos. Descendemos a la célula y a sus componentes. Es de ahí que el Arte ha tomado y sigue tomando su impronta, en ese deseo de trascender y dejar una huella, antes del viaje sin retorno. Establecer esos paralelismos entre Ciencia y Arte es parte de nuestra propuesta, sin dejar de lado a la Filosofía. Esencia de esencias es el establecimiento de las Ideas, como el sujeto por antonomasia de cualquier lenguaje, lo demás es y será siempre accesorio.

Fue y seguirá siendo la palabra, el centro de toda relación, hacia el macro y mico universo sonoro, estructura y origen, vinculada al Motivo o Idea musical. Es la que dicta y establece la gramática y sintaxis del lenguaje sonoro, si es que de ello queremos hablar, con fundamentos. Estas aplicaciones tienen su punto de partida en la Antigüedad clásica y en principios universales como la dualidad implícita en la dialéctica. Son indisociables las relaciones prístinas u originales de Poesía, Danza y Música, que fueron mutiladas durante 15 siglos. Apenas en el Siglo XIX, unos cuantos músicos se percatarán de ello, modificando y planteando el fenómeno sonoro de forma integral, buscando acabar con las terribles omisiones, distorsiones y errores de la iglesia. Las escuelas de música, las universidades y los conservatorios, ya iniciado el Siglo XX, no se percatarán de ello, de ahí las recurrentes crisis de la llamada, música contemporánea, debacle de la que nunca salió, independientemente de que no se estableció en todo esos cien años, ningún estilo o técnica que prevalezca actualmente. La pretendida y difundida hegemonía de la concepción germana hizo más daño que provecho y sigue horadando al medio musical. Recordemos lo que preconizan aún muchos colegas como dogma clerical ancestral: “la música empieza en Bach y acaba en Brahms”. Postura como éstas convirtieron en detractores del progreso al propio Brahms, Joachim, Hanslick y compañía, que se erigieron en enemigos de los aportes y éxitos lisztianos, independientemente de que fue Liszt quien puso a buen resguardo toda la música alemana. Estos ataques están documentados en la “Revista Echo” de Berlín que en 1860 publicaba Brendel, alrededor de los artículos de Liszt sobre “La música del porvenir”; pero, era húngaro y ¿Chopin? era polaco; se le recriminaba que sólo era capaz de escribir para el piano, el asunto es que todo lo escribió perfecto.

Déjeme decirle que además el mundo está plagado, por esa manera de “conservar la tradición” y hoy se ofrecen postgrados en ello, tanto en nuestro país como en el mundo, que hablan de una imaginaria y supuesta “profundidad” que no aguantó el análisis, dejándola en una extremista y decadente germanofilia ultraconservadora.

 

Los zíngaros y al revolución lisztiana

2ª parte

Liszt tomó de los gitanos o zíngaros una de sus improntas revolucionarias, situación ajena por completo al eurocentrismo, cuyo manejo de un muy particular sentido de libertad expresivo - creativa, provista de espontaneidad e imaginación que irradiará en sus innovaciones, quien, rompiendo con la tradición, irritó de forma inusitada al conservadurismo.

Estos dos músicos Chopin y Liszt, incorporaron además, de forma exitosa, la música folklórica que puso en boga el Nacionalismo a nivel mundial. Mazurkas, Polonesas, música zíngara y Rapsodias húngaras, serán parte de todo este movimiento. La Danza cobrará mayor fuerza del lado de la Música y junto a la Poesía, retomará balbuceos que ya venían apareciendo en distintos países y desde las danzas renacentistas y barrocas. Por este hecho y otros factores del llamado a escena, se logró este real Renacimiento musical en el Siglo XIX. En el periodo precedente, era usual la música alla Turca. Encontraremos sus muestras en el clasicismo vienés y en toda la Europa del Siglo XVII y XIX.

Música Poesía y Danza, recuperaron su plenitud como unidad que había sido resquebrajada. La auténtica música del pueblo se sumó e incorporó por vía de estos dos músicos, a la escena de la música universal de cuyas influencias todo el Siglo XX ha usufructuado, empezando por el Jazz, como uno de los géneros que recoge antiguas prácticas como la de la improvisación, que era una de las especialidades de Liszt. En México, además de las décimas y la Poesía, dentro de los sones, jarabes, y todos los vínculos del huapango de las distintas regiones, es parte de la creatividad de nuestros auténticos jóvenes y niños huapangueros que preservan estas tradiciones, que se remontan a la época prehispánica, como antecedente directo que nunca murió. Hay en ello y dentro de la improvisación musical y poética, ese mismo manejo lisztiano de la espontaneidad que surge del dominio absoluto del lenguaje y de determinado género.

 Fieles a la tradición, que nos llegó por añadidura en y alrededor de la práctica religiosa. Casi todos aprendimos alrededor de tales distorsiones y callejones sin salida. Los principios de la Ciencia y de la Filosofía, se conjugarán, para romper esos atavismos y no obstante ello, podemos ver que, aún hoy en día, en pleno Siglo XXI, cientos de escuelas, conservatorios y universidades persisten en el error. La Teoría y la Historia deben volver a escribirse. Este sería el 3er Renacimiento, pues el 2° se generará alrededor de Liszt en el Siglo XIX. Esa visión integral la veremos plasmada en Alexander Scriabin, que fue un creador y pianista que heredó estos recursos y pensamiento estético – técnico – interdisciplinario - místico y teosófico, por encima de muchos músicos y compositores.

¿En donde perdimos la brújula? ¿Recuerda usted que al enfoque multidisciplinario se le llamó, equivocadamente modernidad o contemporaneidad en los inicios del Siglo XX, casi como panacea? En realidad se trató de un primitivismo absoluto, retomando lo que en toda cultura y civilización, universalmente hablando es multidisciplinario, primitivo y ancestral. Toda la 1ª mitad del siglo pasado está plagado de esos primitivismos y de modernidad, prácticamente no hay nada. Etiquetar como modernidad a lo inetiquetable, ha sido otra de las falacias de los seudocríticos y analfabetas del Arte actual.

Es indispensable conjugar las esencias de las Ideas musicales y acabar con la pobreza de los planteamientos de teóricos muy renombrados, que metieron sus cabezas como el avestruz, en ese hoyo del aferramiento a la tradición. Lo propio ocurrió con los vanguardistas que se fueron al extremo opuesto y nada dejaron, pero sobre todo, nada solucionaron. Si así fuese, les reconoceríamos por sus grandes soluciones plasmadas en obras de excelsitud, pero son además, infértiles. Por ello, estos trabajos levantarán ámpula y acabarán con muchos de los mitos centroeuropeos. Realidad ha sido en la pasada centuria, el predominio del Timbre, sobre todos los demás elementos, alrededor del cual surgieron las nuevas voces, el tejido o textura del ruido con el sonido, como iguales, los nuevos instrumentos, la música Concreta, Electrónica y por Computadora. Esta Música de la era tecnológica no significó avances en la gramática y sintaxis del Lenguaje sonoro, la novedad se centró en el efectismo y la colorística que fueron explotados hasta la saciedad, sin resultados estéticos ni técnicas vivas. La propia técnica de Schöenberg, otrora muy difundida, nació muerta por sus anacronismos de toda suerte. El propio Boulez se convirtió en un destructor, pretendiendo establecer como condición de buena música, los parámetros webernianos, inventando con un ingeniero francés, el contemporeómetro, que frenó los reales avances para decidir cuáles obras valían la pena y cuáles no, midiendo a los compositores. Esto le hizo un daño descomunal al progreso composicional de casi cincuenta años, pues esos festivales de Darmstadt y anexas, eso fueron; un sepulcro del arte musical actual. Él mismo no se libró de tales dogmas webernianos, pues hasta dejó crear obras. Muy escasas obras se salvaron, por el ingenio y el talento, más que por una especial técnica, moda o dictado estéticos. De esos colgajos estamos pendientes ahora, pero no tienen la solución. Cuando la necesidad de crear y de expresarse o comunicarse, nace del interior, y de las esencias que nunca encontraron y no hay forma de renunciar a ello.

Franz Liszt fue uno de esos escasos personajes y el músico más erudito en su siglo, de ahí que nos adentremos en sus aportes, obra y legado en general, por medio de varios trabajos que iremos presentando, para continuar aprendiendo y desentrañando las esencias de la música, si es que la queremos etiquetar como lenguaje. Empecemos por asentar, que la música nunca ha sido un lenguaje autónomo. Este explorador y propulsor del cambio, tuvo en sus búsquedas, toda suerte de altibajos para lograr consolidar sus propuesta y permanecer en ellas. Lo que favoreció el afloramiento de un estilo, como lo hicieron los barrocos y los clásico, fue el hecho de prácticas comunes que se estacionaron alrededor de un postura técnico – estética, generalmente aceptada, por ello permaneció por periodos considerables. Imagine a cualquiera de los creadores que hoy admiramos insertos en la vorágine del Siglo XX, en donde los pintores y los músicos cambiaban de estilo y técnica – válgase el símil - como cambiarse de calcetines.

La Poesía, de la mano de la Filosofía en el Siglo XIX, será la aliada de las transformaciones más significativas dentro del Arte, incidiendo de forma especial, alrededor de la conducta humana y la naciente psicología; Franz Liszt se convertirá en uno de sus más connotados y vivos ejemplos. Abordar la obra lisztiana implica abrirse a la introspección poético - filosófico – místico – emotiva -técnico y humanística que rodeó a este gran músico, con el espíritu dispuesto a confrontar nuestras tradicionales herencias, rompiendo con los atavismos de 19 siglos. Manejarse en cualquiera de los estilos de creadores de todo el Siglo XIX y de la totalidad de las herencias europeas, desde el Renacimiento, llevaron aparejado en Liszt, un dominio técnico – estético sin precedentes. Lo corroboran, las muestras que a diario hacía del manejo, tratamiento, enmiendas, sugerencias, variación e improvisación en las obras que abordaba, ya fuesen cantos gregorianos, obras polifónicas, lieder, música de cámara, óperas, sonatas, conciertos, y desde luego en todo el repertorio pianístico. Cabe señalar que será el piano el instrumento de mayor trascendencia e impacto en ese siglo, a través del cual se logrará la difusión del entorno musical de dicho periodo. Como ya mencionamos, Alexander Scriabin será el más directo heredero de Liszt y de Chopin, músico aún desconocido y muy poco valorado en el ámbito internacional y es el más evolucionado y visionario de todos los creadores de los albores del Siglo XX.


El conocimiento y la experiencia viva, ejes de las transformaciones sonoras en Franz Liszt

3ª parte

Es necesario enfatizar y subrayar, que Liszt fue el músico con mayores conocimientos, información y habilidades en su conjunto, por sus innumerables vínculos, contactos en toda Europa desde Portugal y Bran Bretaña, hasta Rusia. Genera transformaciones en toda suerte de obras y en todos los géneros, mismos que dominó y difundió a través de su piano, por medio de la creación de la reducción maestra de las partituras orquestales y de las óperas y arias al piano, al igual que las sinfonías y la música de cámara. Sus Transcripciones y Paráfrasis son la muestra elocuente de ello. Son trabajos de una perfección y dominio del lenguaje, fuera de todo contexto. Su memoria, capacidad retentiva y repentización sobre cualquier tema u obra así lo demostraron, amén del dominio del instrumento, objeto de las facultades y talentos que exhibió desde muy pequeño. En vivo, y durante sus conciertos sobre el repertorio de los músicos que interpretaba incluidos los consagrados, se daba el lujo de interrumpir en equis pasaje y corregir los aspectos que consideraba, podían mejorarse. Los conservadores nunca le perdonaron que hubiese acabado con las recetas de las formas clásicas, llevándolas con su “música del porvenir” hacia los derroteros del Siglo XX.

 No está por demás señalar a sus detractores, entre ellos, al propio Brahms y Hanslick, junto a su círculo de amigos, documentación que obra en revistas de la época. Liszt se convirtió en un moderno vehículo de promoción de cuanto músico y compositor que conoció, independientemente de honrar a sus predecesores, invirtiendo en homenajes específicos a Beethoven, Goethe y Schiller, por mencionar a altos personajes. Se encargó de reformar y restaurar toda la música alemana, con Wagner a la cabeza, difundiendo las obras de Schubert, Carl María von Weber, Mendelssohn, Bach y Schumann, por mencionar a los más sonados, además de Peter Cornelius, músico de enorme talento. Esto ocurre en Weimar cuando Liszt era el Director musical de la corte en esa ciudad.

Aquí hago un alto en el camino, pues hemos estado imbuidos de tal cantidad de mitos que el hastío de ellos ya rebasa lo indecible. No hay genios de ninguna naturaleza en la música, salvo el único superdotado que fue Mozart y párele de contar, el resto desde Bach en adelante, son talacheros de diferente talento, imaginación y capacidades diferentes, y muy sui géneris. Constatarlo, sólo lo puede señalar, quien ha analizado la obra integral de los más sobresalientes músicos centroeuropeos que valen la pena, dado que es sólo el conocimiento profundo quien lo favorece y permite, adosado a las influencias y procesos evolutivo - creativos de ese particular entorno. Ahora imagine a Bach, sin Buxtehude y sin Vivaldi, por mencionar sólo a dos de los más importantes aportadores de su tiempo para la generación de su música, recursos y técnicas. Imagine también a un Bach que no tocara ningún instrumento e imagine a Liszt sin su piano. Visualice también a Liszt, sin Berlioz, a la cabeza de todos, sin Chopin, Cornelius, sin Beethoven, Mozart, Bellini, Donizetti, Rossini, Verdi, etc., y con esa enorme cantidad de músicos, notables o no, que ni usted ni yo hemos oído nombrar, que pululaban en toda la Europa del Siglo XIX. Por ello, la Genética Musical es ya parte de la Ciencia sonora y sin ella no hay concepción evolutiva posible. Si negamos la célula y sus millones de años, negamos la vida. Si no sabemos qué es y cómo son las esencias de la Idea sonora, de nada sirven los sonidos ni sus combinaciones desprovistas de contenido, comunicación y expresión. Una obra de Arte es un ente con vida propia, para que nos acerquemos de manera más amplia al fenómeno de las partículas sonoras que conforman las Ideas o Motivos musicales.

 Estas son las premisas generales y básicas, para poder adentrarnos en los análisis de varias de sus obras representativas, a través del manejo de una propuesta que gira en torno de las Partículas del Motivo musical que en Franz Liszt, son una de las puertas de acceso a sus propuestas e innovaciones.

Anticipar que el cambio es uno de los principios esenciales de la autopoyesis, para preservar la vida y la salud en el Arte, forma parte de mi cometido.

P. D.

PARA LA 4ª PARTE, AFOCAREMOS EL ANÁLISIS PUNTUAL DE SUS OBRAS, DENTRO DE NUESTROS SEMINARIOS.

© CENCREM.COM | Francisco Núñez Montes

La libertad en el arte y la conquista individualista de Franz Liszt en el Siglo XIX


Franz Liszt, nacido en Raiding en 1811 muere en 1886, antiguamente perteneciente al imperio austrohúngaro, es actualmente parte de Austria desde 1923. Su padre Adam Liszt era húngaro y su madre María Anna Lager, austriaca. Celebraremos su bicentenario bordando sobres sus diferentes aportaciones y significación dentro del panorama universal de la música. México está ligado a Liszt desde el Siglo XIX y lo iremos analizando.

El afloramiento, creación y revolución musical sin precedentes de Franz Liszt, generarán, de forma visionaria y futurista: la Forma Psicológica, la creación de las principales corrientes del Siglo XX, trastocando todos los parámetros de la tradición, rompiendo los clichés y cartabones de la forma sonata clásica y la música tradicional en general, emancipando la melodía de la armonía y recurriendo musicalmente al verdadero Renacimiento de los recursos de la Antigüedad. Su instinto y sentido evolucionista, de incorporación de las prohibiciones medievales en la música, entre otras, surgen de su alta cultura y sentido del análisis del hombre y sus experiencias sobre las realidades del dolor humano, al visitar asilos, hospitales de desahuciados, cárceles, además de su contacto, vivencias y experiencias, con todo el glamour social de la Europa del Siglo XIX, en especial de la nobleza, que le rindió pleitesía y se le entregó y lo veneró, además de sus vínculos con la filosofía, la pintura y la escultura, la literatura, la poesía y las posturas de personajes como Lamennais, Lamartine, Byron y los Saint - simonianos. Sus propuestas de la reforma de la música religiosa, acompasadas por una concepción teológico – política, son uno de sus múltiples atisbos y ventanas de acceso del posterior surgimiento de la psicología y el psicoanálisis de Sigmund Freud, en una sociedad sacudida e imbuida por las inercias de la Ilustración y la Revolución Francesa. Creador de iniciativas y múltiples escritos sobre crítica del Arte y sobre la necesidad de actualizar y reformar la Educación Musical, era además, poseedor de una alta conciencia sobre la Historia, la importancia y necesidad de la Ciencia y de la Sociología, que lo situaron y convirtieron en un intelectual de avanzada y al más ilustrado músico de todo el Siglo XIX. Cabe señalar, no obstante lo aquí referido que su formación se fraguó en la lectura y en sus vivencias y experiencias del mundo de toda la Europa del Siglo XIX propiciada por su calidad de excepcional virtuoso que le abrió toda suerte de accesos, amistades, visión de la realidad e influencias del medio. Su afán por el conocimiento le convirtió en un ávido lector, actividad a través de la cual superó lo imaginable. Se convirtió además en un estupendo escritor y ya en 1834 aparecen sus primeros trabajos “Sobre la música sacra del futuro” y una serie de seis artículos acerca de “La posición de los artistas”. Alrededor de éstos gira la polémica sobre “un cambio en el orden social, a fin de recrear las condiciones para que el arte sea posible”. Toda semejanza con la realidad actual es una esencial aseveración.

Liszt desarrolló un amplio programa de Reformas como la renovación de los conservatorios, la ópera, los conciertos, la música sacra. A sus 24 años realizaba tareas a favor del progreso y desarrollo del arte y de la música, nunca hacia su obra o hacia sus personales ideas. Su generosidad, en el más amplio sentido del término, es de desprendimiento; visión humanista de los franciscanos. Conocedor del panorama que rodeaba al arte y a los artistas señalaba las pésimas condiciones sociales diciendo “en todas partes, padecimiento, humillación, amargura, miseria, abandono y persecución son la suerte del artista; y los obstáculos, la explotación, las pretendidas mejoras económicas que sólo le perjudican, las instituciones defectuosas e insuficientes, mordazas y cadenas son la suerte del arte”. He aquí sus propuestas cuando ya París cede a sus éxitos:

1.-Promover, alentar e impulsar un desarrollo musical ilimitado y con altas aspiraciones.

2.- Ennoblecer y elevar la posición de los artistas en la sociedad con la abolición de los abusos e injusticias de que son objeto y tomando las oportunas medidas en atención a su dignidad. En nombre de todos los artistas, del Arte y del progreso social, exigimos:

a) La celebración cada cinco años, de una audición de música religiosa, dramática y sinfónica en la que se escojan las mejores obras de los tres géneros para que sean interpretadas durante un mes y con toda solemnidad, en el Louvre, confiándolas posteriormente al gobierno, que correrá con los gastos de sus publicación. En una palabra: exigimos la creación de un nuevo museo, un Museo de la Música.

b) La introducción de la enseñanza de la música en las escuelas primarias, su extensión a otras escuelas y, por ende, la creación de una nueva música sacra.

c) El restablecimiento de capillas y la reforma de todos los coros en París y en toda la provincia.

d) La celebración de reuniones de las sociedades filarmónicas, siguiendo el modelo de los grandes festivales musicales en Inglaterra y en Alemania.

e) Un Teatro Lírico: conciertos, música de cámara, programados según el artículo anterior sobre el Conservatorio.

f) Una Escuela Superior de Música independiente del Conservatorio y dirigida por los artistas más eminentes, una escuela cuyas ramificaciones deberían extenderse a todas las capitales de la provincia.

g) Una cátedra de Historia de la Música y de la Filosofía.

h) Ediciones, a precio muy módico, de las obras más significativas de los compositores antiguos y modernos, desde el Renacimiento a nuestros días.

La ignorancia de quienes nunca vieron en este singular personaje sus aportes, pretendieron hacerlo figurar únicamente como el más grande de todos los virtuosos del piano, desconociendo incluso las transformaciones que el mismo virtuosismo generará en la orquesta, en el piano y en la construcción de instrumentos, los temperamentos o afinación y nuevas obras, en general. El simple hecho de la creación de sus Transcripciones y Paráfrasis, realizadas con maestría, generó una nueva forma de conocimiento artístico musical, propiciando, a su vez, la transmisión y difusión de la cultura a través del rey de los instrumentos: el piano, pero el piano de Liszt. Escritor y crítico musical, su legado como docente fue la herencia que influyó en toda Europa y América, principalmente y los testimonios de ello nos ocuparán en otros espacios, por lo pronto, nos concentraremos en estos rasgos característicos del individualismo y la psicología triunfante que rebasó el status quo de las herencias centroeuropeas. Este individualismo rompe con los preceptos cerrados del concepto que anula a la persona y lo convierte en parte de una masa amorfa que se reflejó en la polifonía que fueron parte del bloqueo de la personalidad y de las ideas libertarias y de emancipación del individuo, simbolizado en la Melodía. El propio Canto Gregoriano, que posee esos rasgos individuales de la concepción universal de Tonalidad Melódica, muy por encima de la Armónica que sólo es centroeuropea y no es universal, se vio mutilado y desfigurado en todas las obras polifónicas. Es la Ópera, o el Drama en Música y el surgimiento de la Monodia acompañada, quien da cauce al restablecimiento de ese bloqueo a la individualidad. El nacimiento del género Melódico- armónico en el Siglo XV, nos dejará adentrarnos en el papel que únicamente desempeñó la Armonía y los acordes en todo el periodo armónico-tonal; fueron y han sido sólo colores y respaldos, como soportes enfáticos de la supremacía del lenguaje, depositado hoy y siempre, en Melodía. La Melodía es poseedora de toda la capacidad del lenguaje y es común a las músicas de toda cultura no europea. La armonía no es un elemento natural de la música y hoy es Tímbrica, en los lenguajes contemporáneos. El concepto universal que trastocó todo ello es la Simultaneidad sonora que dio cauce al mismo sentido del color, la textura o los distintos vestidos que acompañan al personaje individual, llamado Idea sonora o Motivo. De aquí surge su más elaborada estructura a la que denominamos Tema. Sobre un Tema surge toda una creación. Como tal, es esta una real recuperación renacentista que propiciará el surgimiento de la Idea personal o Motivo, abriendo el camino al Tema, como uno de los símbolos del personaje y sus estados de ánimo, entre otros. Sin Ideas no hay posible comunicación ni expresión y éstas se depositaron en el Motivo Musical como eje y deposito esencial de todo ello. Sin Ideas no hay Lenguaje. Con Liszt, todos los dogmas de la tradición se caen y se gesta la apertura hacia la música del porvenir. Hablaremos del SONIDO EJE, como uno de tantos recursos lisztianos que darán pie y pauta a la recuperación de muchos otros valores musicales y transformaciones de todo el entorno del Siglo XX, amén de otros análisis y aportes significativos de sus obras.

© CENCREM.COM | Francisco Núñez Montes

FRANZ LISZT INNOVADOR, SUS APORTACIONES A LA MÚSICA DEL SIGLO XX



El más alto virtuoso de la Historia de la Música, hipnotizó a todos sus contemporáneos y a las generaciones posteriores, de tal forma, que aún, en este Siglo XXI, no acabamos de asimilar su real y revolucionaria dimensión de cambio, actualización y reubicación del lenguaje musical, en casi todas sus aristas. Las corrientes y movimientos que surgen desde fines del Siglo XIX, tendrán en la obra de Liszt, Chopin y las teorías de François Joseph Fétis, las bases de los movimientos estético-técnicos de los inicios del periodo enmarcado como, Música Contemporánea del Siglo XX. Ahí encontraremos las bases de: los nacionalismos, la música atonal, serial, expresionista, politonal y polimodal, como puntos de convergencia en las búsquedas de los primeros 25 años, además del microtonalismo y la música de texturas y tejidos de las simultaneidades, en paralelismos de colores a la Debussy, entre otros. Provocador por excelencia, desató las más furibundas y violentas reacciones de músicos, como Brahms, instigado por Clara Schumann y en particular por el retrógrado Hanslick, Joachim y el clero, entre otros. Liberó a la MELODÍA de la tiranía tonal y desató los amarres de los clichés de la Forma. Nadie fue capaz de ver más allá del virtuoso, pues todos quedaron paralizados por sus luces multicolores y cegadores destellos. Sus escritos y en particular, su “Música del Porvenir” indigestaron a todos los conservadores de su tiempo. Despreciado por “francés” en ciertos círculos y por “gitano” y “húngaro” en otros, los propios vieneses y alemanes a quienes reivindicó, aún no le reconocen. Su espíritu era (parte de la doble monarquía) y es, actual y geográficamente, parte de Austria, desde el referéndum de 1923 y desde luego, merced a su madre austriaca, María Anna Lager y húngaro, por haber nacido en Raiding, a 50 kilómetros de Eisenstadt (Doborján en húngaro), donde trabajaba su padre Adam Liszt, para el príncipe Esterhazy, ambos eran parte del antiguo reino de Hungría, enmarcados, en el imperio austrohúngaro. En Raiding y Eisenstadt, se hablaba alemán, como lengua oficial, de tal suerte que Franz Liszt, no era ni austriaco ni alemán, fue un húngaro, germano parlante.

Fue el sumo sacerdote de la recuperación de la música alemana, a pesar de sus detractores y es el auténtico generador y creador de la mal llamada, 2ª Escuela de Viena. Las visiones de Schöenberg tienen en Liszt, al único generador de tales manejos, pero sin los anacronismos e incongruencias de Arnold, contrarios a las esencias del Ritmo. Todo ello fue posible, gracias a sus capacidades, fue niño prodigio y ello se prolongó, más allá de sus contemporáneos. Fue el músico más informado de toda la Europa del Siglo XIX. La poesía y la literatura, además de sus vínculos con las manifestaciones artísticas, sociales, religiosas y filosóficas de todo género, de su tiempo, le convirtieron en un estudioso y atento observador, de la naturaleza, del hombre y de sus avatares, descendiendo a las más recónditas situaciones del dolor, limitaciones y sufrimiento humanos, visitando frecuentemente asilos, hospitales y centros de desahuciados que frecuentaba. Un rasgo esencial fue su enorme labor como maestro, cuyas influencias rebasaron los océanos. México es uno de tantos espacios a donde sus influencias llegaron. Un factor sui géneris fue su generosidad, en el más amplio contexto del término.

Hay un contrapunto de símbolos, vale decir, de imágenes, vivencias y sentires del psicodrama humano, como “técnica y estética renovadas” que generarán en Liszt, la Forma Psicológica, girando hacia el centro de la personalidad y adelantándose a Sigmund Freud, por esas introspecciones derivadas de la conducta humana. Su personalidad e individualidad, tendencias y búsquedas a partir de sus impulsos internos serán puestas en relieve, confrontándose desde su adolescencia, mostrándolas a través de su instrumento, creaciones y escritos, exhibiendo una dualidad real y auténtica. Lo divino y lo humano, la naturaleza, la ciencia y el arte, lo diabólico y el espíritu místico-religioso cohabitarán en el Liszt del mundanal y humano sentir y vivir, con sus cientos de experiencias con las mujeres de la nobleza que lo asediaron durante toda su vida, incluso, ya siendo el abate Liszt. Desde su adolescencia, los impulsos hacia la religiosidad le generarán esas grandes dudas e incógnitas, que todo adolescente sufre, alrededor de los procesos de autoafirmación. Cohabitan también en él, las mieles del éxito del mundano pianista exuberante y del compositor con énfasis en el virtuosismo, signo de esa grandilocuencia pianística juvenil, pero también de creador, puestas de manifiesto en sus “Estudios de Ejecución Transcendental” y en su “Castillo del Amor” o “Don Sancho”. El mundo se le rendirá por tales exuberancias, provistas de una seductora personalidad arrolladora. Será siempre esa impronta de la pasión por la libertad, uno de los sellos y marcas de su espíritu, imbuido por los sucesos y efectos de la revolución.

Un SONIDO EJE, simbolizará al individuo que emancipa todas las funciones tonales tradicionales, llevándolas hacia la renovación total, abriendo, de nueva cuenta a la conquista, como nunca, de la libertad en la creación artística, atentando contra todos los paradigmas y supuestos de 18 siglos, actualizándolos, con incorporaciones que todo el eurocentrismo padeció, como parte de los cerrados y obtusos dogmas que se reflejaron sobre todo en las obras polifónicas que llegaron a excesos inusitados, anulando al individuo y a su libertad expresiva. Liszt, con unos cuantos artistas más, será el símbolo de la recuperación absoluta de la libertad, puesta de manifiesta en la reconstrucción de todo el lenguaje musical. Ésta individualidad y voz propia se recuperarán, gracias al surgimiento del Drama en Música en el Renacimiento y en particular en el surgimiento de la MONODÍA, que supedita a los acordes a ésta. Ahí se descubrió el poder del impacto del color de las distintas simultaneidades, llamadas acordes, clusters, tejidos sonoros o texturas. Los acordes siempre han sido y serán, grupos sonoros simultáneos que tienen como característica acústica absoluta, simples colores, de un principio universal que todo lo conjuga y absorbe, incluyendo hoy en día, todas las formas actuales de vibración y del ruido, además de los sonidos generados por el oscilador electrónico y el ordenador, respondiendo a un nuevo y actual paradigma, LA SIMULTANEIDAD SONORA. Los acordes o bloques sonoros de cualquier tipo, son elementos que tendrán como única función: subrayar y remarcar la acción dramática que se encuentra depositada integralmente en las palabras, el libreto y argumento en cuestión. Y todo ello, depositado en su majestad de majestades, la MELODÍA, madre y señora plenipotenciaria de las Ideas musicales. Para Liszt, como lo será para sus seguidores, como Claude Aquiles Debussy, Bartok y para todo el Siglo XX, los acordes retoman su función de color, como apoyo al Drama en Música y a la reunión de lenguajes que aportó el Teatro. Las ideas flotarán, desde su visión-proyección, en el universo de la liberación.

Ese sentido de la conducción absoluta de las ideas, depositada enfáticamente en la MELODÍA, tendrá en Liszt, debido a ese vínculo tan intenso que tuvo con la poesía y con la literatura en general; un eco de resonancia renacentista más amplia, pues recupera con ello: las escalas griegas auténticas en sentido descendente, incorporando la de tonos enteros, la pentáfona y las escalas zíngaras y escalas exóticas, contrarias a los modos eclesiásticos, que fueron una deformación completa de aquellos modos antiguos, en todos sentidos, deficiencia occidental de 20 siglos, que no se ha corregido. Incorpora también la microtonalidad, afinando su piano para generar en determinadas obras, colores de efectos especiales, además de: la atonalidad, la bimodalidad y politonalidad, entre otras, la armonía por 4as, 2as, 5as y la polimelodía. Cambia, amplía y enriquece el sentido tradicional de consonancia y disonancia, llevándonos a puntos de renovada conexión con un amplio espectro depositado en la naturaleza de las vibraciones que se iban desprendiendo de su acentuado y extraordinario virtuosismo, insospechadas experiencias sonoras, que sólo él supo sustraer del instrumento rey de todo el Siglo XIX. François Joseph Fétis, será el máximo exponente de las teorías transformadoras y revolucionarias que aplicaron: Héctor Berlioz, Federico Chopin y Ricardo Wagner, para subrayar a las cabezas esenciales, de todo el Siglo XIX. Del pianismo de Chopin y de Liszt, surgirán estos elementos revolucionarios, que cambiarán todos los supuestos de la creación, atada por las recetas formales de cocina, a las que obedecían sin chistar, casi todos los compositores, incluso los dizque innovadores del Siglo XX, cayendo en francas contradicciones y anacronismos de todo género. Pierre Boulez cometió la gran torpeza de pontificar sobre la estética de Anton Webern, preteniendo sujetar por medio de un mugroso contemporeómetro, inventado, junto con un ingeniero francés, para aceptar solamente, como tocables, válidas y aceptables, aquellas partituras que respondieran a los procedimientos webernianos que se murieron con él, remarcando los equívocos del propio Schöenberg. El daño de Boulez a la música actual, fue de casi 50 años y no se recuperó ni él mismo. Esta fue la más “moderna receta de composición” que además de resultar obsoleta y contraria al sentido esencial de la libertad creadora, en un individuo como Boulez, refleja esos genes de la “tradición y los cartabones dogmáticos clericales centroeuropeos, de los que aún no se liberan”. Estos señalamientos son parte de la desmitificación de todos los conceptos centroeuropeos que ya en tiempos de Liszt, fueron erradicados y desde luego provocaron en los ultraconservadores insultos a Liszt, vociferando contra las innovaciones y rupturas que pusieron en tela de juicio, su rancio academicismo. Lo puede usted checar en las publicaciones de la Revista “Echo” de Berlín de 1860, publicada por Brendel. También le ocurrió a Camile Saint Saens, quien sólo tuvo ojos para ver en Liszt al gran virtuoso y nunca entendió sus aportaciones, por más que haya sucumbido inconscientemente a sus influencias, influencias que veremos también, desde César Franck y Fauré hasta Satie, Dukas, Debussy y Ravel, para mencionar a varios de los franceses más representativos.

Ese SONIDO EJE, es él, como viva representación de otro trastocamiento y sacrilegio contra los tradicionalistas, que implicarán el ver que: la Tonalidad no existe en la Naturaleza. Así lo entendió Liszt, alrededor de las teorías de Fétis, junto con Chopin Berlioz y Wagner. En muchas de sus obras es demostrado y puesto en escena, cuando el sentido de la tónica, es desplazado por una voz (la 3ª o la 5ª, o por un acorde por 4as o por 2as, trastocando también el sentido de disonancia-consonancia), aparentemente secundaria, que no lo es ni lo será, pues todos los sonidos de un acorde tradicional que suena con una misma intensidad, son, absoluta y físicamente, tres generadores independientes y esto pésele al que le pesare. La ciencia exacta no admite ya la ignorancia o el desconocimiento en este tercer milenio. La tradición no es ciencia y la ciencia no engaña tampoco, a la naturaleza de nuestra percepción, en el sentido absoluto del término. Lo que suena, es.

Estas lecciones de Liszt, apenas empiezan a hacer mella, la situación es que a pesar de haber sido el único que restableció y propulsó, como nadie, la música alemana y la de sus detractores, les impuso la obra de Wagner, cuando fue Director Musical de la Corte de Weimar, cuando Wagner era proscrito como ciudadano y proscrita también, su música. El Renacimiento llegó a Alemania hasta el Siglo XIX, por ello surgieron: Schiller, Goethe, Heine, Schopenhauer, Wackenroeder, Hegel, Hoffmann, Schelling y varios más.

¿Qué compositor o músico tiene la seguridad en él mismo, para andar promoviendo y promocionando, a los demás colegas, incluidos los propios detractores y vividores de la actualidad? Es el tiempo y la Historia, que hay que volver a escribir, quienes darán cuenta de ello, de la trascendencia y real peso de las obras y aportaciones.

Esto lo encontramos en Liszt. Esa seguridad que le daba el dominio de todas las materias, junto al potencial del uso de su instrumento como vehículo de promoción sin igual, le colocan en una sitio fuera de lo normal, pues habida cuenta de que; como en el caso de otros grandes creadores como Alexander Scriabin, se ubican por encima de todos los compositores que son producto del mercado, incluidos los más tradicionales. Lo curioso de esta panorámica debiera ser un ejemplo en Liszt, pues no hacía discriminaciones ni distingos de ninguna naturaleza, sus capacidades le permitían, corregir en vivo, durante sus conciertos y presentaciones, errores del propio Beethoven y de Bach, mencionando a dos “monstruos sagrados”, que no son intocables, cuando detectaba deficiencias en su música ¡Sacrilegio! dirán los puritanos, pero a todos ellos se les notan los hilvanes, cuando no lograron tejer finamente el discurso sonoro y sus hilanderías. Es por ello que también recogemos de sus herencias, el desmitificar, lo que en la actualidad ya está superado, acabando con los tabúes y mitos sonoros de Occidente. Eso de que todo tiempo pasado fue mejor, es parte de ese conservadurismo rayano en lo retrógrado.

“El sentido oculto y poético de las cosas, esa idealidad que reside en todas ellas parece cobrar especial relieve en las creaciones del Arte” Franz Liszt, en su prólogo al álbum de sus composiciones “Années de Pélerinage”.

“La Naturaleza comulga con la Poesía y ésta inunda a todos los espíritus del Siglo XIX, ésta es símbolo de lo divino” Lamartine-Coussin.

“Mantener las estructuras de eso que identificamos como vida, implica el cambio y la evolución” nos dicen Lynn Margulis y Dorion Sagan: “Cambiar para que nada cambie es la esencia de la autopoyesis”, nos señalan en otro pensamiento y reflexión.

Fuera ataduras, es la lección lisztiana que en su caso, estuvo acompañada de Byron, Sennancour, Chateaubriand, Lamennais, Platón, Dante, Petrarca, Goethe, Heine, Schelling, Victor Hugo, Hegel, Hoffmann, Lenau, etc., amén de imágenes de Miguel Ángel, Rafael, imbuido de pensamientos estético-filosóficos que lo acompañarán en el decurso de su vida, abierto siempre a las experiencias de esa enorme puerta de las emociones, como sustrato del pensamiento creador que lanzó hacia la conquista de la libertad individual.

Liszt siempre operó, en cierta medida, de acuerdo con una Genética de la Música y del Arte, uniendo la antigüedad con su visión del futuro. Jugó con los mismos elementos, pero les dio una nueva dimensión-visión, universalizándolos.

© CENCREM.COM | Francisco Núñez Montes