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- La libertad en el arte y la conquista individualista de Franz Liszt en el Siglo XIX
- EL MICROUNIVERSO DE LAS PARTÍCULAS SONORAS EN FRANZ LISZT Y SUS MÚLTIPLES EJES, EMOTIVO – POÉTICOS | 1ª de cuatro parte
El más alto virtuoso de la Historia de la Música, hipnotizó a todos sus contemporáneos y a las generaciones posteriores, de tal forma, que aún, en este Siglo XXI, no acabamos de asimilar su real y revolucionaria dimensión de cambio, actualización y reubicación del lenguaje musical, en casi todas sus aristas. Las corrientes y movimientos que surgen desde fines del Siglo XIX, tendrán en la obra de Liszt, Chopin y las teorías de François Joseph Fétis, las bases de los movimientos estético-técnicos de los inicios del periodo enmarcado como, Música Contemporánea del Siglo XX. Ahí encontraremos las bases de: los nacionalismos, la música atonal, serial, expresionista, politonal y polimodal, como puntos de convergencia en las búsquedas de los primeros 25 años, además del microtonalismo y la música de texturas y tejidos de las simultaneidades, en paralelismos de colores a la Debussy, entre otros. Provocador por excelencia, desató las más furibundas y violentas reacciones de músicos, como Brahms, instigado por Clara Schumann y en particular por el retrógrado Hanslick, Joachim y el clero, entre otros. Liberó a la MELODÍA de la tiranía tonal y desató los amarres de los clichés de la Forma. Nadie fue capaz de ver más allá del virtuoso, pues todos quedaron paralizados por sus luces multicolores y cegadores destellos. Sus escritos y en particular, su “Música del Porvenir” indigestaron a todos los conservadores de su tiempo. Despreciado por “francés” en ciertos círculos y por “gitano” y “húngaro” en otros, los propios vieneses y alemanes a quienes reivindicó, aún no le reconocen. Su espíritu era (parte de la doble monarquía) y es, actual y geográficamente, parte de Austria, desde el referéndum de 1923 y desde luego, merced a su madre austriaca, María Anna Lager y húngaro, por haber nacido en Raiding, a 50 kilómetros de Eisenstadt (Doborján en húngaro), donde trabajaba su padre Adam Liszt, para el príncipe Esterhazy, ambos eran parte del antiguo reino de Hungría, enmarcados, en el imperio austrohúngaro. En Raiding y Eisenstadt, se hablaba alemán, como lengua oficial, de tal suerte que Franz Liszt, no era ni austriaco ni alemán, fue un húngaro, germano parlante.
Fue el sumo sacerdote de la recuperación de la música alemana, a pesar de sus detractores y es el auténtico generador y creador de la mal llamada, 2ª Escuela de Viena. Las visiones de Schöenberg tienen en Liszt, al único generador de tales manejos, pero sin los anacronismos e incongruencias de Arnold, contrarios a las esencias del Ritmo. Todo ello fue posible, gracias a sus capacidades, fue niño prodigio y ello se prolongó, más allá de sus contemporáneos. Fue el músico más informado de toda la Europa del Siglo XIX. La poesía y la literatura, además de sus vínculos con las manifestaciones artísticas, sociales, religiosas y filosóficas de todo género, de su tiempo, le convirtieron en un estudioso y atento observador, de la naturaleza, del hombre y de sus avatares, descendiendo a las más recónditas situaciones del dolor, limitaciones y sufrimiento humanos, visitando frecuentemente asilos, hospitales y centros de desahuciados que frecuentaba. Un rasgo esencial fue su enorme labor como maestro, cuyas influencias rebasaron los océanos. México es uno de tantos espacios a donde sus influencias llegaron. Un factor sui géneris fue su generosidad, en el más amplio contexto del término.
Hay un contrapunto de símbolos, vale decir, de imágenes, vivencias y sentires del psicodrama humano, como “técnica y estética renovadas” que generarán en Liszt, la Forma Psicológica, girando hacia el centro de la personalidad y adelantándose a Sigmund Freud, por esas introspecciones derivadas de la conducta humana. Su personalidad e individualidad, tendencias y búsquedas a partir de sus impulsos internos serán puestas en relieve, confrontándose desde su adolescencia, mostrándolas a través de su instrumento, creaciones y escritos, exhibiendo una dualidad real y auténtica. Lo divino y lo humano, la naturaleza, la ciencia y el arte, lo diabólico y el espíritu místico-religioso cohabitarán en el Liszt del mundanal y humano sentir y vivir, con sus cientos de experiencias con las mujeres de la nobleza que lo asediaron durante toda su vida, incluso, ya siendo el abate Liszt. Desde su adolescencia, los impulsos hacia la religiosidad le generarán esas grandes dudas e incógnitas, que todo adolescente sufre, alrededor de los procesos de autoafirmación. Cohabitan también en él, las mieles del éxito del mundano pianista exuberante y del compositor con énfasis en el virtuosismo, signo de esa grandilocuencia pianística juvenil, pero también de creador, puestas de manifiesto en sus “Estudios de Ejecución Transcendental” y en su “Castillo del Amor” o “Don Sancho”. El mundo se le rendirá por tales exuberancias, provistas de una seductora personalidad arrolladora. Será siempre esa impronta de la pasión por la libertad, uno de los sellos y marcas de su espíritu, imbuido por los sucesos y efectos de la revolución.
Un SONIDO EJE, simbolizará al individuo que emancipa todas las funciones tonales tradicionales, llevándolas hacia la renovación total, abriendo, de nueva cuenta a la conquista, como nunca, de la libertad en la creación artística, atentando contra todos los paradigmas y supuestos de 18 siglos, actualizándolos, con incorporaciones que todo el eurocentrismo padeció, como parte de los cerrados y obtusos dogmas que se reflejaron sobre todo en las obras polifónicas que llegaron a excesos inusitados, anulando al individuo y a su libertad expresiva. Liszt, con unos cuantos artistas más, será el símbolo de la recuperación absoluta de la libertad, puesta de manifiesta en la reconstrucción de todo el lenguaje musical. Ésta individualidad y voz propia se recuperarán, gracias al surgimiento del Drama en Música en el Renacimiento y en particular en el surgimiento de la MONODÍA, que supedita a los acordes a ésta. Ahí se descubrió el poder del impacto del color de las distintas simultaneidades, llamadas acordes, clusters, tejidos sonoros o texturas. Los acordes siempre han sido y serán, grupos sonoros simultáneos que tienen como característica acústica absoluta, simples colores, de un principio universal que todo lo conjuga y absorbe, incluyendo hoy en día, todas las formas actuales de vibración y del ruido, además de los sonidos generados por el oscilador electrónico y el ordenador, respondiendo a un nuevo y actual paradigma, LA SIMULTANEIDAD SONORA. Los acordes o bloques sonoros de cualquier tipo, son elementos que tendrán como única función: subrayar y remarcar la acción dramática que se encuentra depositada integralmente en las palabras, el libreto y argumento en cuestión. Y todo ello, depositado en su majestad de majestades, la MELODÍA, madre y señora plenipotenciaria de las Ideas musicales. Para Liszt, como lo será para sus seguidores, como Claude Aquiles Debussy, Bartok y para todo el Siglo XX, los acordes retoman su función de color, como apoyo al Drama en Música y a la reunión de lenguajes que aportó el Teatro. Las ideas flotarán, desde su visión-proyección, en el universo de la liberación.
Ese sentido de la conducción absoluta de las ideas, depositada enfáticamente en la MELODÍA, tendrá en Liszt, debido a ese vínculo tan intenso que tuvo con la poesía y con la literatura en general; un eco de resonancia renacentista más amplia, pues recupera con ello: las escalas griegas auténticas en sentido descendente, incorporando la de tonos enteros, la pentáfona y las escalas zíngaras y escalas exóticas, contrarias a los modos eclesiásticos, que fueron una deformación completa de aquellos modos antiguos, en todos sentidos, deficiencia occidental de 20 siglos, que no se ha corregido. Incorpora también la microtonalidad, afinando su piano para generar en determinadas obras, colores de efectos especiales, además de: la atonalidad, la bimodalidad y politonalidad, entre otras, la armonía por 4as, 2as, 5as y la polimelodía. Cambia, amplía y enriquece el sentido tradicional de consonancia y disonancia, llevándonos a puntos de renovada conexión con un amplio espectro depositado en la naturaleza de las vibraciones que se iban desprendiendo de su acentuado y extraordinario virtuosismo, insospechadas experiencias sonoras, que sólo él supo sustraer del instrumento rey de todo el Siglo XIX. François Joseph Fétis, será el máximo exponente de las teorías transformadoras y revolucionarias que aplicaron: Héctor Berlioz, Federico Chopin y Ricardo Wagner, para subrayar a las cabezas esenciales, de todo el Siglo XIX. Del pianismo de Chopin y de Liszt, surgirán estos elementos revolucionarios, que cambiarán todos los supuestos de la creación, atada por las recetas formales de cocina, a las que obedecían sin chistar, casi todos los compositores, incluso los dizque innovadores del Siglo XX, cayendo en francas contradicciones y anacronismos de todo género. Pierre Boulez cometió la gran torpeza de pontificar sobre la estética de Anton Webern, preteniendo sujetar por medio de un mugroso contemporeómetro, inventado, junto con un ingeniero francés, para aceptar solamente, como tocables, válidas y aceptables, aquellas partituras que respondieran a los procedimientos webernianos que se murieron con él, remarcando los equívocos del propio Schöenberg. El daño de Boulez a la música actual, fue de casi 50 años y no se recuperó ni él mismo. Esta fue la más “moderna receta de composición” que además de resultar obsoleta y contraria al sentido esencial de la libertad creadora, en un individuo como Boulez, refleja esos genes de la “tradición y los cartabones dogmáticos clericales centroeuropeos, de los que aún no se liberan”. Estos señalamientos son parte de la desmitificación de todos los conceptos centroeuropeos que ya en tiempos de Liszt, fueron erradicados y desde luego provocaron en los ultraconservadores insultos a Liszt, vociferando contra las innovaciones y rupturas que pusieron en tela de juicio, su rancio academicismo. Lo puede usted checar en las publicaciones de la Revista “Echo” de Berlín de 1860, publicada por Brendel. También le ocurrió a Camile Saint Saens, quien sólo tuvo ojos para ver en Liszt al gran virtuoso y nunca entendió sus aportaciones, por más que haya sucumbido inconscientemente a sus influencias, influencias que veremos también, desde César Franck y Fauré hasta Satie, Dukas, Debussy y Ravel, para mencionar a varios de los franceses más representativos.
Ese SONIDO EJE, es él, como viva representación de otro trastocamiento y sacrilegio contra los tradicionalistas, que implicarán el ver que: la Tonalidad no existe en la Naturaleza. Así lo entendió Liszt, alrededor de las teorías de Fétis, junto con Chopin Berlioz y Wagner. En muchas de sus obras es demostrado y puesto en escena, cuando el sentido de la tónica, es desplazado por una voz (la 3ª o la 5ª, o por un acorde por 4as o por 2as, trastocando también el sentido de disonancia-consonancia), aparentemente secundaria, que no lo es ni lo será, pues todos los sonidos de un acorde tradicional que suena con una misma intensidad, son, absoluta y físicamente, tres generadores independientes y esto pésele al que le pesare. La ciencia exacta no admite ya la ignorancia o el desconocimiento en este tercer milenio. La tradición no es ciencia y la ciencia no engaña tampoco, a la naturaleza de nuestra percepción, en el sentido absoluto del término. Lo que suena, es.
Estas lecciones de Liszt, apenas empiezan a hacer mella, la situación es que a pesar de haber sido el único que restableció y propulsó, como nadie, la música alemana y la de sus detractores, les impuso la obra de Wagner, cuando fue Director Musical de la Corte de Weimar, cuando Wagner era proscrito como ciudadano y proscrita también, su música. El Renacimiento llegó a Alemania hasta el Siglo XIX, por ello surgieron: Schiller, Goethe, Heine, Schopenhauer, Wackenroeder, Hegel, Hoffmann, Schelling y varios más.
¿Qué compositor o músico tiene la seguridad en él mismo, para andar promoviendo y promocionando, a los demás colegas, incluidos los propios detractores y vividores de la actualidad? Es el tiempo y la Historia, que hay que volver a escribir, quienes darán cuenta de ello, de la trascendencia y real peso de las obras y aportaciones.
Esto lo encontramos en Liszt. Esa seguridad que le daba el dominio de todas las materias, junto al potencial del uso de su instrumento como vehículo de promoción sin igual, le colocan en una sitio fuera de lo normal, pues habida cuenta de que; como en el caso de otros grandes creadores como Alexander Scriabin, se ubican por encima de todos los compositores que son producto del mercado, incluidos los más tradicionales. Lo curioso de esta panorámica debiera ser un ejemplo en Liszt, pues no hacía discriminaciones ni distingos de ninguna naturaleza, sus capacidades le permitían, corregir en vivo, durante sus conciertos y presentaciones, errores del propio Beethoven y de Bach, mencionando a dos “monstruos sagrados”, que no son intocables, cuando detectaba deficiencias en su música ¡Sacrilegio! dirán los puritanos, pero a todos ellos se les notan los hilvanes, cuando no lograron tejer finamente el discurso sonoro y sus hilanderías. Es por ello que también recogemos de sus herencias, el desmitificar, lo que en la actualidad ya está superado, acabando con los tabúes y mitos sonoros de Occidente. Eso de que todo tiempo pasado fue mejor, es parte de ese conservadurismo rayano en lo retrógrado.
“El sentido oculto y poético de las cosas, esa idealidad que reside en todas ellas parece cobrar especial relieve en las creaciones del Arte” Franz Liszt, en su prólogo al álbum de sus composiciones “Années de Pélerinage”.
“La Naturaleza comulga con la Poesía y ésta inunda a todos los espíritus del Siglo XIX, ésta es símbolo de lo divino” Lamartine-Coussin.
“Mantener las estructuras de eso que identificamos como vida, implica el cambio y la evolución” nos dicen Lynn Margulis y Dorion Sagan: “Cambiar para que nada cambie es la esencia de la autopoyesis”, nos señalan en otro pensamiento y reflexión.
Fuera ataduras, es la lección lisztiana que en su caso, estuvo acompañada de Byron, Sennancour, Chateaubriand, Lamennais, Platón, Dante, Petrarca, Goethe, Heine, Schelling, Victor Hugo, Hegel, Hoffmann, Lenau, etc., amén de imágenes de Miguel Ángel, Rafael, imbuido de pensamientos estético-filosóficos que lo acompañarán en el decurso de su vida, abierto siempre a las experiencias de esa enorme puerta de las emociones, como sustrato del pensamiento creador que lanzó hacia la conquista de la libertad individual.
Liszt siempre operó, en cierta medida, de acuerdo con una Genética de la Música y del Arte, uniendo la antigüedad con su visión del futuro. Jugó con los mismos elementos, pero les dio una nueva dimensión-visión, universalizándolos.
© CENCREM.COM | Francisco Núñez Montes

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