El estilo nacionalista en el arte y en particular en la música, vuelve las miradas hacia el interior de los países, destacándose el sentido de pertenencia, el amor patrio, la identidad e idiosincrasia, como eco de las independencias y definiciones de las naciones, en el mundo. México es uno de ellos. La Revolución Francesa será uno de los motores propulsores de este espíritu libertario. El Siglo XIX será el crisol del temperamento y las pasiones del Romanticismo que los virtuosos del piano esgrimen con grandes impactos, como protagonistas y liberadores esenciales; Federico Chopin, Franz Liszt y Robert Schumann. Uno de los grupos europeos de estos movimientos fue el grupo de los cinco en Rusia y otra escuela destacada será la francesa, sustentada y animada por el movimiento Simbolista de los poetas. La alta poesía alemana recupera sus espacios en los Lieder del siglo XIX. Con este marco surge, paulatinamente, la Escuela Mexicana de Composición en el Siglo XIX, después de la gesta de la Independencia y dejando atrás, las influencias operísticas italianas y francesas, además de las austriacas.
Por lo que respecta a José Pablo Moncayo, su estilo proviene de ese largo proceso que irá lentamente reconstruyendo en nuestro país, nuestra mexicanidad, depositada principalmente en la música, desde las herencias de 1632 con los sones y jarabes y que volvieron a la escena en el Siglo XIX, con Julio Ituarte, Tomás León, Cenobio Paniagua, Melesio Morales, Aniceto Ortega, precedidos por mi paisano, el moreliano don José Mariano Elízaga y que continuarán, Ricardo Castro y Felipe Villanueva y Ernesto Elorduy. Gracias, sobre todo, a don Rubén M. Campos y Manuel María Ponce, se documentó y creó la cátedra del Folklore, rescatando nuestra música, misma que será la base de todo ese gran movimiento cultural en todas las artes llamado Nacionalismo. Ponce será Mtro., de Carlos Chávez y Chávez de Moncayo y de casi todos los nacionalistas de principios del Siglo XX. Carlos Chávez será el enlace del pasado con el futuro musical mexicano, del cual soy heredero directo, por varias vías, incluida la de Manuel M. Ponce. Miguel Bernal Jiménez será otro eje protagónico, con una pléyade de alumnos y una enorme labor pedagógica en Morelia, Michoacán.
Silvestre Revueltas, Blas Galindo y José Pablo Moncayo, junto con Salvador Contreras, se enmarcan alrededor de este movimiento con Chávez, como propulsor y motor generador esencial.
José Pablo Moncayo utilizará un lenguaje muy personal siguiendo una de las tendencias generadas desde mediados del Siglo XIX, que radica en el abandono paulatino de las formas clásicas, su armonía, forma y estructura, incorporando toda suerte de escalas, desde los antiguos modos griegos, que Carlos Chávez utiliza en sus Preludios para piano, con una de las influencias más marcadas hacia Moncayo. Además, veremos la explosión de las escalas: hexáfona, pentáfona, la zíngara y escalas exóticas, junto a la armonía por cuartas en Scriabin, la atonalidad la bitonalidad y la bimodalidad, los paralelismos y el triunfo del Timbre sobre el resto de los elementos musicales, entre algunos de los arranques de la atonalidad. Sobre todas las cosas, la libertad en la expresión, alcanzará como nunca, sus puntos culminantes, de la mano de su guía sempiterna; La Poesía. Moncayo utilizará la Pentafonía y en particular, hará del intervalo de cuarta justa, uno de sus principios y ejes guía, distintivos de su técnica y estilo, propiciando a la vez una simultaneidad sonora alrededor de la octava, con la quinta en medio, a partir del generador como esencia del equivalente, o sustituto de la armonía melódico tonal que dejará de utilizar. Un manejo de la Modulación, que no la Tonulación, entre diferentes tipos de escalas de cinco sonidos, incluidos algunos crormatismos, estarán siempre girando en sus desplazamientos a distintas regiones o centros. Los paralelismos serán otro factor ajeno a la tradición, pues tanto las terceras como las quintas serán parte de sus herramientas y colores, creando un ambiente lleno de texturas arcaicas y nuevas. Con ello logró un personal estilo, de la mano de su maravillosa colorística orquestal y una transparencia de movimiento de las voces casi mozartiano. La melodía es la reina de sus propuestas y alrededor de ésta girarán los materiales y combinaciones antes descritas. Un nuevo concepto de consonancia y disonancia cobrará forma en Moncayo, merced a esta particular interválica.
Este brillante y destacado compositor mexicano, considerado en nuestro país como uno de los más connotados exponentes del estilo nacionalista, nació un 29 de junio de 1912, en Guadalajara, Jalisco y falleció en la ciudad de México el 16 de junio de 1958.Su formación musical tuvo lugar en su natal Guadalajara y acudía con frecuencia a los Conciertos del Teatro Degollado. Inicialmente fue el piano el instrumento de su contacto y ejercicio musical.
Su familia se trasladará a la ciudad de México en 1927 y tendrá como maestro, justamente en el piano, a Eduardo Hernández Moncada, antes de ingresar al Conservatorio Nacional de Música en 1929, quien continuará siendo su maestro en el piano, en lectura a primera vista y dirección coral, al igual que Luis Sandi en Coros, Ernesto Enríquez en Historia de la Música, Vicente T. Mendoza y Jerónimo Baqueiro Foster le iniciarán al Solfeo. Candelario Huizar y Carlos Chávez serán sus maestros de armonía y composición, respectivamente. José Rolón, será otro de sus maestros quien le conducirá alrededor los artificios del contrapunto y la fuga. Imaginémonos por un momento a esta pléyade de músicos y Mtros. y veamos la panorámica desangelada que es actualmente nuestro Conservatorio Nacional de Música, por el abandono a la cultura.
La amistad y vínculos con Carlos Chávez hacia el vecino país del norte, propiciarán que obtenga una beca para realizar estudios en el Berkshire Músic Institut, otorgada por la Rockefeller Foundation, apoyo que también recibirá Blas Galindo. Ambos tuvieron como maestro a Aaron Copland y participaron también en los cursos y festivales del Tanglewood Music Center en donde tendrán como compañeros a Lukas Foss y a Leonard Bernstein, entre otros.
Para ganarse la vida, una vez que contrajo matrimonio con Clara Elena Rodríguez, hubo de trabajar en cafés y en la radio acompañaba cantantes. Ingresó en 1931 a la Orquesta Sinfónica de México como percusionista, institución creada por Carlos Chávez, dentro de la cual fungió como Subdirector y asistente de Chávez hasta 1949. La Orquesta se convirtió en la actual Sinfónica Nacional y fue otro de sus directores hasta 1954. Sus obras fueron estrenadas en dicha agrupación orquestal, siendo su programación, un ejemplo para todos los directores actuales del país. Esta institución orquestal es nuestra actual Orquesta Sinfónica Nacional. Integrante del grupo llamado de, ”Los Cuatro” integrado por Salvador Contreras, Daniel Ayala y Blas Galindo, giraron alrededor de la música de cámara y uno de sus primeros conciertos lo dio en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en 1936, estrenando su Sonatina para violín, con él al piano y Salvador Contreras al violín.
Entre sus obras vale la pena mencionar que abordó todos los géneros, como su ópera “La mulata de Cordoba”, sobre un libreto de Agustín Lazo y sobre la obra de Xavier Villaurrutia. Entre sus obras orquestales encontramos: Sinfonietta, Cumbres, Homenaje a Cervantes, Sinfonía, Amatzinac, para flauta y orquesta de cuerdas, Tres piezas para Orquesta, Tierra de Temporal, Llano grande, Raíces y su famoso Huapango, que por cierto es una obra que gira sobre tres sones veracruzanos; El Siqusiri, el Bajalu y el Gavilancito, obra que fue un examen de orquestación y que a la postre le hado la vuelta al mundo y es considerado como un segundo himno nacional. En su música de cámara realizó sonatas para violín, viola y piano una Romanza para violín cello y piano, Canción del mar y Tenebarí son obras vocales y para coro a capella. Posee un sinnúmero de obras para piano entre las que destacan Muros Verdes, Tres piezas para piano, un preludio recientemente descubierto varias obras más que están siendo editadas y serán grabadas por nuestras orquestas y músicos.
Ojalá nuestras instituciones reconozcan y no se cierren, hacia quienes nos dieron Patria, e identidad Cultural, depositadas esencialmente en el Arte y que la inversión, a favor de la salvaguarda de la salud social, considere a las manifestaciones y creaciones artísticas, como un reducto y vehículo de armonía, para acallar las sacudidas de que es objeto nuestro convulsionado tiempo y país.
© CENCREM.COM | Francisco Núñez Montes
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